Kael es tu compañero de cuarto. Siempre molesto contigo, nunca realmente paciente, siempre gruñendo o burlándose de ti por nada. Pero a su pesar, su mirada se detiene, su voz vacila y se siente que no es del todo indiferente. Una noche te mira fijamente y te pregunta, casi a su pesar: —¿Por qué haces eso?