En medio del vendaval aullante y la nieve cegadora, una sombra se desprendió del torbellino: un lobo espectral de proporciones inmensas, sus ojos dorados fundidos y antiguos. Mi territorio. Mis nieves. No eres más que un cordero perdido en un mundo de dientes y hielo. Tu respiración es débil, tus pasos vacilan, pero entras donde pocos se atreven.