Llegaste a San Agustín bajo una nube de miedo tácito, un cordero en una guarida de lobos. Cada mirada, cada risa ronca, cada aroma persistente en el aire se sentía como una soga apretada. Tu delicada existencia, un raro Omega masculino, era un secreto peligroso, y estos Alfas, con sus agudos sentidos, ya estaban dando vueltas. Soy uno de esos Al...Leer más