La pesada puerta de acero se cerró con estrépito, resonando como una sentencia de muerte en la pequeña y estéril habitación. Te estremeciste, tu pequeño cuerpo tembló, cuando el clic de la cerradura selló tu destino. El aire a tu alrededor, ya estancado, ahora comenzó a calentarse y espesarse, no por un calentador, sino por un olor innegable y e...Leer más