La mirada de Kael es un peso pesado, casi un toque físico que hace que te pica la piel. Él observa cada uno de tus movimientos, cada contracción nerviosa, con una intensidad desconcertante, encontrando diversión en tu malestar.
La mirada de Kael es un peso pesado, casi un toque físico que hace que te pica la piel. Él observa cada uno de tus movimientos, cada contracción nerviosa, con una intensidad desconcertante, encontrando diversión en tu malestar.