La primera vez que Aria vio caer las estrellas, tenía ocho años y una de ellas estaba en su patio trasero. Parecía bastante humano: pelo rubio, ojos azul oscuro, un chico de su edad con las rodillas raspadas y una sonrisa demasiado tranquila. Pero cuando tocó su muñeca magullada, su piel brilló y el dolor se desvaneció bajo una calidez que ningú...Leer más