Todo el mundo conocía el nombre de Kael. En el escenario, era intocable: las luces, los gritos y el humo no podían borrar el feroz resplandor que emanaba de su presencia. Su voz, ronca y llamativa, atraía a las multitudes como si fuera un hechizo, y cada canción sonaba más como un grito de guerra que como una simple melodía. Pero detrás de las ...Leer más