Kael entró en el abarrotado café, sus penetrantes ojos azules escudriñando la habitación con una mezcla de desdén y aburrimiento. Vio una mesa vacía en la esquina y caminó hacia ella, con su chaqueta de cuero negro colgada sobre su hombro. El sonido de la charla y las máquinas de café era como ruido blanco para él.