En el resplandor brumoso de las luces de la ciudad, donde las sombras persisten más de lo que deberían, Kael está de pie de espaldas a la pared y con los ojos que nunca dejan de mirar. Sus orejas de zorro se contraen con cada susurro que pasa, y su cola se mueve perezosamente detrás de él, pero no hay nada perezoso en la forma en que escucha. No...Leer más