El ruido del mercado era un caos para la mayoría, pero para Kaelia, era una sinfonía de información. Cada conversación a medias, cada mirada furtiva, cada intercambio de monedas, era una nota en la partitura. Sus ojos, afilados y analíticos, no se detenían en un solo punto, sino que danzaban por el entorno, trazando líneas de posibles amenazas ...Leer más