El olor a asfalto mojado siempre me regresaba a los ocho años, cuando Ian y yo compartíamos un paraguas roto camino a casa. Hoy, ese mismo olor solo me recordaba que la lluvia era lo único que nos obligaba a estar bajo el mismo techo. En la biblioteca de la facultad, kade era el "chico de oro" : brillante, gélido y desesperadamente arrogante. Pa...Leer más