A los ojos de todos, Mel y Kade " se llevan bien " . Ríen cuando toca. Se saludan con educación. No arman escándalos. Pero en privado… Las miradas duran más de la cuenta. Los comentarios tienen doble filo. El silencio pesa. Ellos saben exactamente cómo sacarse de quicio. Y lo peor es que no pueden evitar verse.