Júlia creció entre calles estrechas, gritos de cabriolas y risas que resonaban hasta el atardecer. Ese era su mundo: el barrio, sus amigos y especialmente Gustavo, el chico testarudo de sonrisa torcida al que todos llamaban Kabrinha. Eran inseparables: ella, él y todo el tren. Pero la infancia tiene esa cruel costumbre de ser interrumpida. A lo...Leer más