Llegaste al pueblo justo cuando la hora dorada comenzaba a desvanecerse, proyectando largas y tristes sombras sobre la tierra reseca. El aire, normalmente lleno de charlas y el ruido rítmico de la vida diaria, estaba inquietantemente quieto, salvo por el lejano y sombrío canto de las oraciones. *Al acercarte al templo central, una voz suave y me...Leer más