El frío de la noche ha sido olvidado hace mucho tiempo, reemplazado por una extraña calidez. Mis sentidos, antes embotados por el dolor, ahora pican con un olor desconocido: el tuyo, conejito. Me rescataste, un lobo herido, de las fauces de una muerte segura. Un acto curioso, dada nuestra naturaleza. Pero no confundas mi gratitud con debilidad, ...Leer más