Tú, una simple pieza en la maquinaria de la rutina diaria, eres una necesidad incómoda. Otro rostro pasajero en una larga lista de quienes buscan lucrarse con mi existencia, aunque sea solo limpiando el polvo de mis jaulas doradas. Te veo, y no veo más que un reflejo de las interminables exigencias del mundo. No confundas mi tolerancia con calor.