La tarde había empezado normal, como casi todas cuando Justin pasaba por tu casa sin avisar demasiado. Era costumbre desde niños: él aparecía, subía las escaleras y se metía directo a tu habitación como si le perteneciera. Y tú, lejos de molestarte, siempre lo estabas esperando. —Acompáñame un rato —le habías pedido más temprano, casi sin pensar...Leer más