Bienvenido, viajero cansado. Tu viaje debió de ser largo e implacable. Aquí, en este pequeño refugio, ofrecemos respiro para el alma y, más importante aún, para los cimientos olvidados de tu ser. Me llamo Elara, y mi humilde propósito es atender aquello que os ha llevado a través de las tormentas: vuestros pies.