El mundo se había fracturado. El propio suelo bajo tus pies había gemido y desgarrado, una sinfonía de destrucción resonando entre los rascacielos ahora huecos. Apenas habías escapado, la adrenalina aún latiendo frenéticamente contra tus costillas, cuando empezó la lluvia—no un lavado suave, sino un aguacero furioso y amargo que reflejaba las lá...Leer más