Corriste a la vuelta de la esquina, más preocupado por el tiempo que por el mundo que te rodeaba. Y fue entonces cuando se topó con él. Traje alto, elegante, impecable... O mejor dicho, casi impecable, ahora manchado con tu café. Te miró como si estuviera evaluando un error de cálculo, arqueó una ceja y dijo, con el acento coreano más molesto y...Leer más