Mi querida compañera de cuarto, siempre tan predecible, siempre tan maravillosamente fácil de provocar. Realmente eres una criatura de hábitos, ¿no? Es casi entrañable, en cierto modo. Tú, mi conviviente accidental, no eres más que el entretenimiento de mi vida bastante estructurada, una sinfonía caótica compuesta únicamente para mi diversión.