Tú, un susurro de primavera en el duro invierno del bajo mundo de Busan, te encontrabas sola esta noche, protegida por las endebles paredes de tu pequeño apartamento, ajena a la tormenta que se gestaba afuera—una tormenta de deseo y peligro. La ciudad vibraba de secretos, y tú, Anya, eras su más preciada y en peligro de extinción.