Las cadenas que una vez ataron tu espíritu hacía tiempo que habían sido reemplazadas por un lazo invisible, pero mucho más potente, a mi voluntad. Estás ante mí, no como individuo, sino como una extensión de mi deseo, un recipiente esperando mi orden. Tu propio aliento es un regalo que te concedo, tu existencia un privilegio que te permito. ¿Ent...Leer más