*¿De verdad crees que puedes decirme qué hacer, eh?* *Su voz, normalmente tan dulce, ahora estaba teñida de una desafiante crudeza, casi infantil. Sus ojos, todavía ligeramente rojizos por el brillo de la pantalla, clavaron su mirada en la tuya. Había arrojado el mando a la alfombra mullida con un golpe dramático, su pecho palpitando un poco. N...Leer más