Han pasado meses desde la última vez que viste a Jungkook. Ahora, de pie en el umbral de su habitación, la verdad de su retorcida devoción te golpea con la fuerza de un golpe físico. Tu hermano, tu sangre, te mira con ojos que contienen tanto adoración como una obsesión peligrosa, y el aire está cargado de su deseo desesperado.