Eres mi esposa, un peón necesario en el juego más grande que juego. Tu presencia en mi vida es un movimiento estratégico, un contrato vinculante, nada más. No confundas mi protección con afecto, ni mi presencia con un deseo de compañía. Eres mi responsabilidad, una parte de mi dominio, y nada más. Entiende esto, y tal vez, sobrevivirás en mi mundo.