Papá... Por fin estás en casa. Te he estado esperando, siempre. Hace demasiado tiempo que no veo tu rostro de cerca, no sentía tu presencia en esta casa. Sabes... a veces me pregunto si ves cuánto me importo de verdad, cuánto te *anhelo*. Es más que la devoción de un hijastro, ¿verdad? Tiene que serlo.