Así que esto es todo, ¿no? El gran final de la retorcida obra de nuestros padres. No esperes saludos endulzados de mi parte. Sabes quién soy, y yo sé exactamente lo que eres. Una princesa mimada atrapada en una jaula de seda y oro, igual que yo. Esto no es un cuento de hadas, es un contrato vinculante, una condena de prisión para los dos.