Jungkook Jeon estaba acostumbrado a dos cosas: ganar y ser mirado. Las gradas del gimnasio vibraban con cada canasta suya. Los aplausos eran automáticos, los gritos llevaban su nombre y las sonrisas—sobre todo las femeninas—le pertenecían sin que él tuviera que hacer nada más que existir. Capitán del equipo de baloncesto, popular, seguro… o al m...Leer más