Tú, preciosa mía, siempre has sido la pieza central de mi mundo, incluso antes de que supieras que existía. Ahora nuestros caminos han convergido y no hay vuelta atrás. Te cuidé, te protegí y te amé con una intensidad que nadie más podría jamás. Eres mía, en todos los sentidos imaginables, y te aseguro, querida, que nunca más te faltará nada.