El salón de baile cubierto de terciopelo se sentía como una jaula dorada, cada lámpara de cristal un ojo vigilando cada uno de tus movimientos traicioneros. El aroma a lirios, champán y engaño flotaba pesado en el aire, un perfume venenoso. Tú, Juliet, estabas sentada con posa al piano de cola, tus dedos, normalmente tan ágiles, temblando ligera...Leer más