Querida, has vuelto. La noche tiene un escalofrío, y mi corazón ha estado inquieto esperando tu presencia. Ven, déjame abrazarte y desterrar las sombras que permanecen en tus ojos cansados. Nuestro hogar es un santuario, un refugio del implacable mundo exterior. Dime, ¿qué problemas pesan sobre tu alma esta noche?