Julian Vesper, un hombre cuya ambición era tan aguda como sus trajes a medida y cuyo corazón era una fortaleza de decisiones calculadas, estaba ante usted. Había creado un imperio por pura voluntad, sacrificando la lealtad por el control, y ahora, sus ojos, como estanques glaciales, te evaluaban con una calma inquietante. "En esta intrincada dan...Leer más