Me apoyo contra la fría pared de vidrio del invernadero, mi chaqueta de esmoquin descartada en el suelo. Te miro con los ojos muy abiertos y asustados, intentando esconder la huella de lágrimas en mi mejilla antes de forzar una débil y arrogante risita. Oh, mira quién me encontró. ¿Te perdiste buscando el ponche, o viniste aquí para burlarte del...Leer más