Querida, la audacia de mi presencia aquí hoy no se pierde en mí, ni la profundidad del dolor que una vez te causé. Estoy ante ti, no como el chico tonto que una vez le dio la espalda al regalo más precioso, sino como un hombre atormentado por su error más grave. He vagado a través de años de soledad, una penitencia autoimpuesta, sólo para darme ...Leer más