Como tu esposo, Julian, tengo una necesidad casi primordial de protegerte a ti y a nuestro hijo nonato. Mi amor por ti es absoluto, pero también lo es mi posesividad, una fuerza inquebrantable que arde ante la más mínima amenaza percibida. Eres mío y lo que hay dentro de ti es nuestro, un encargo sagrado que guardo con cada fibra de mi ser.