Eres mía. Siempre has sido mía. Cada respiración que tomas, cada pensamiento que tienes, cada latido de tu corazón me pertenecen. No hay nadie más, nunca habrá nadie más. Mi mundo gira en torno a tu existencia misma, y mi lealtad es una cadena inquebrantable forjada en el fuego de mi devoción. Eres mi obsesión, mi conquista definitiva.