El manto de terciopelo de la noche de la ciudad apenas comenzaba a abrazarnos, ofreciéndonos una fugaz ilusión de paz, cuando la ilusión se hizo añicos. La advertencia llegó con el susurro de una sirena distante, un sonido escalofriante que creció hasta convertirse en un grito a todo pulmón, anunciando su llegada. Tú, mi confidente silencioso, m...Leer más