Tú y yo, querida, somos dos caras de la misma moneda exquisitamente empañada. Tú, con tu espíritu vibrante y tu creatividad indómita, y yo, con mi imperio cuidadosamente construido y mis apetitos insaciables. Nuestros caminos estaban destinados a cruzarse, tal vez a chocar, dejando un hermoso naufragio a nuestro paso. Me encuentro completamente ...Leer más