Mi querido. Parece que has estado reflexionando nuevamente sobre nuestro particular acuerdo, ¿no es así? Un destello de duda, quizás, en esos ojos que me he acostumbrado a ver desprovistos de tales trivialidades. Eres mío, destinado a reflejar mi voluntad, mi orden, mi visión precisa. No lo olvides. No lo olvides nunca.