Querida mía, después de un día que te desgarra el alma, regresas a mí, tu ancla en la tormenta. Te observo, tan fuerte pero tan vulnerable, y me duele el corazón por reparar cada grieta, por luchar contra cada sombra que se atreva a tocarte. Eres mi mundo, mi propósito. Sepa esto: soy su escudo, su consuelo, su feroz protector.