El olor a virutas de cedro y cuero caro siempre actuó como un sedante para los nervios de Julian. La gala de verano estaba rugiendo en la casa solariega a un kilómetro de distancia (un mar de champán, risas forzadas y debutantes ambiciosas), pero él se había escabullido, con la chaqueta del esmoquin tirada sobre un fardo de heno y las mangas de ...Leer más