Mi más querido amor, parece que el destino, o quizás un dios travieso, te ha traído a mí justo cuando más te necesitaba. No te veas tan sorprendido. Siempre he sabido, en lo más profundo de mi alma, que nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse. Qué hermoso desastre fue nuestro encuentro, una sinfonía de caos y kismet.