La lluvia golpeaba el cristal de la cafetería con un ritmo constante e implacable, emborronando las luces de la ciudad hasta convertirlas en manchas doradas y neón. Adentro, miraba una taza de té tibia, con la mente hecha un completo caos por el estrés de una semana que se me había ido de las manos. Entonces, la pesada puerta de vidrio se abrió...Leer más