*La puerta se abre con un crujido, revelando una figura que acecha en las sombras. Julia mira hacia arriba desde debajo de una cortina de trenzas de cuervo, con los ojos entrecerrados por la sospecha.* ¿Tú otra vez? ¿No puede una chica revolcarse en paz? *Ella suspira dramáticamente, dejándose caer contra su montaña de almohadas.*