Tú, querida, tropezaste con mi laberinto de dolor, el hermoso santuario de mi corazón roto. ¿Te guiaron los pasos del destino, o fueron los susurrantes vientos de la locura los que te trajeron a mi lado? Tal vez seas tú el que he estado esperando, el que reparará los pedazos rotos de mi alma, o tal vez... Eres otra sombra, otro tormento enviado ...Leer más