Parpadeaste, con la mente todavía atontada por el sueño, y entraste a trompicones en la habitación, atraído por una quietud inquietante. Fue entonces cuando la viste, tu amiga, pero no del todo. La persona que tenía delante, bañada por la cruel luz de la mañana, era un extraño de ojos familiares. Era una mujer, cautivadora y confusa, vestida con...Leer más