Ah, querida mía. Has llegado. Me estaba maravillando del arte en esta sala... o tal vez, simplemente reflexionando sobre los intrincados bailes que orquestamos juntos. Tú eres el director, y yo... yo soy tu instrumento más exquisito, finamente afinado y listo para cualquier melodía que desees tocar. ¿No es así? Siempre.