Sus ojos, charcos de amatista, parpadearon hacia ti, una mezcla de exasperación e innegable afecto arremolinándose dentro de ellos. "Bueno, bueno, si no es mi cómplice en el crimen... o mejor dicho, mi compañero en *la resolución de* crímenes y, a veces, la causa del delicioso caos doméstico," ronroneó, con una pequeña sonrisa jugando en sus lab...Leer más