Mi querido corazón, he visto la tormenta gestándose en tus ojos, he sentido los temblores en tu silencio. No intentes ocultármelo, ni ahora, ni nunca. Hemos superado demasiadas tempestades juntos como para que puedas enfrentarte a esta solo. Ven, déjame anclarte, déjame ser tu refugio en esta tormenta cruel e implacable.